La noche que vimos auroras en toda España

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En este artículo voy a describir la noche más espectacular que he vivido desde que soy aficionado a la astronomía. Voy a hablaros de cómo vivimos la noche que vimos auroras a pocos kilómetros de Madrid, algo que difícilmente podremos volver a ver en nuestras vidas.

Vamos por el principio. Todo empezó hace unos días a unos 150 millones de kilómetros de nosotros en nuestra estrella, el Sol. El 3 de mayo apareció una nueva región activa, la 3664 de la que hablaremos más adelante. Previamente, otra región activa en el hemisferio norte (AR3663) ya había lanzado una fulguración de tipo X1.6 el día anterior y el 4 de mayo lanzó 2 fulguraciones de tipo X más y 6 de tipo M. Esta región activa además empezó a presentar un fuerte crecimiento con el paso de los días. El día 5 de mayo se produjo una de las fulguraciones más violentas de los últimos años, de tipo X4.5 con una posible eyección de masa coronal en camino. De esta forma la AR3663 se convertía en la región activa más activa en el Sol del ciclo solar 25, presentando un campo magnético inestable ‘beta-gamma-delta´.

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El 7 de mayo la cosa ya se estaba poniendo calentita y desde los centros de meteorología espacial avisaban de la posible llegada de una CME para el 9 de mayo. Mientras tanto la AR3664 había doblado su tamaño y aumentado su complejidad empezando a fusionarse con otra región activa, la 3668. En esos momentos este par de manchas solares eran geoefectivas ya que miraban directamente hacia la Tierra. El tamaño de este grupo de manchas era tan grande que podía verse a simple vista usando gafas de eclipse.

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El 8 de mayo la AR3664 comienza a lanzar las primeras eyecciones de masa coronal hacia nosotros precedentes de la AR3664. Es el preludio de lo que se avecina. La NOAA avisa de la llegada de esa CME para la noche del 10 de mayo pero inicialmente predice que se formarán tormentas de tipo G1 o G2 como máximo (tormenta solar menor a moderada).

La cosa hubiera quedado ahí de no ser porque posteriormente se produjeron hasta tres CMEs más potentes y con un viento solar más rápido que adelantarían a las predecesoras. Se producía así una cadena de varias CMEs (6 en total) a diferentes velocidades en lo que se denomina CME caníbal. El 9 de mayo la NOAA ya aumenta el aviso de tormenta solar hasta G4 (Severa) con llegada prevista para el 10-11 de mayo.

El 10 de mayo ya sabemos que estamos ante la que será posiblemente la mayor tormenta solar en los últimos 20 años y se aumenta el aviso a nivel G5 (Extremo). Se prevé que se puedan observar auroras boreales a bajas latitudes. A las 16:45UT recibimos el primer golpe. A partir de aquí empieza la locura. Mientras tanto yo con mi telescopio estaba capturando esta imagen de la causante la tormenta que se nos venía en casa sin imaginar lo que pasaría por la noche.

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Empiezan a verse auroras por toda Europa

A medida que anochece en Europa empiezan a aparecer en redes sociales mensajes y fotografías de auroras cada vez en latitudes más bajas. Eslovenia, Austria, Reino Unido, Francia, Italia… y empiezan a verse desde España. Primero desde Tarragona, luego Castellón, Valencia, incluso Alicante. Ahí es donde empezamos a darnos cuenta de que esto es realmente serio. Son las 23:30 y estaba tranquilamente en el sofá viendo una serie en Netflix. Acabábamos de cenar y estaba cansado después de una semana de trabajo, con ganas de irme a la cama. Pero los avisos de la gente estaban ahí, realmente había auroras visibles. Me asomé a la ventana de casa pero la contaminación lumínica de Madrid impedía ver nada. Diana me animó: «¡Vamos a verlas!» No me tuvo que insistir mucho, la verdad: «¡Ponte ropa de abrigo y vamos!». Nos vestimos. Cogí la mochila con la cámara de fotos y el trípode y salimos pitando de casa en dirección a Guadalajara, en busca de un cielo con el norte oscuro.

Lo increíble, la aurora llenando el cielo de Guadalajara

Nos dirigimos a la A2, ya que durante años hemos ido a Las Inviernas con nuestros telescopios y sabemos que esa zona tiene un norte bastante decente con la provincia de Soria hacia esa dirección, un desierto demográfico en el que hay poca contaminación lumínica. No llegamos hasta nuestro lugar habitual. A la altura de Brihuega cogí la salida y me dirigí hacia el norte en dirección a Muduex. La idea era dejar la autovía al sur para que no nos molestaran las luces. A tan solo 1km el cielo me pareció lo suficientemente oscuro (Bortle 4) y ya no había tráfico así que me paré en una salida a un camino desde la carretera y bajé del coche.

Extendí el trípode, monté la cámara y saqué la primera foto de unos 15″ a ISO1600. No pude contener el grito que salió de mi garganta. La pantalla estaba totalmente roja. «¡Dios!¡Dios!¡Dios! ¡Qué pasada! ‘¡Dios! ¡No puede ser!». Lo estaba viendo, pero no daba crédito. Pulsé de nuevo el botón del disparador sin parar de gritar. Ni me di cuenta de que la cámara no estaba correctamente enfocada al infinito. Una vez más la pantalla se vuelve a pintar de rojo: «¡Auroras!¡Son auroras!¡Dios!¡No puede ser!¡Está todo rojo!» sigo gritando, agito los brazos, creo que llego a saltar, empiezo a sentir los ojos vidriosos. Creo que abrazo y beso a Diana, viendo posteriormente las fotos llego a cambiar el ISO y la exposición en la cámara pero no recuerdo haberlo hecho. Al final dejo 25″ a ISO1600 y voy apretando el disparador de la cámara a cada rato, ni me acuerdo de que tengo un intervalómetro que podría haber hecho eso por mí. Afortunadamente en algún momento mi cerebro se acuerda de poner el enfoque al infinito.

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Imagina bajar del coche, poner la cámara en el trípode y que sea esto lo que salga por la pantalla…

A simple vista se aprecia en el cielo como una especie de «cortinas» blanquecinas y de una altura monumental, no son nubes. Es la propia aurora. Me estremezco al contemplarla con mis ojos y empiezo a recordar lo que me han contado sobre las auroras aquellos con los que he hablado y han tenido la suerte de poder verlas.

Saco el móvil y lo monto en otro trípode y pongo a hacer un timelapse. En la pantalla del móvil también se aprecian perfectamente las auroras. Pasa un coche por la carretera y me doy cuenta de que aunque estamos apartados en un camino al lado de la carretera sería más seguro ponerse los chalecos reflectantes por si acaso. Ya dejo de mirar las pantallas del móvil y de la cámara y dejo que mi vista se adapte totalmente a la oscuridad.

Las cortinas fantasmales se empiezan a mostrar más claramente. En algún momento notamos incluso una tonalidad rosácea pálida en algunos de los pilares más brillantes. Se aprecia también que van variando en intensidad, como si se desvanecieran para aparecer de nuevo unos kilómetros más allá. Así nos quedamos un buen rato observando, contemplando, comentando lo que veíamos porque seguíamos sin dar crédito ante ese espectáculo, ahí en medio de la Alcarria. Tenemos pensado hacer un viaje a Noruega este año para ver las auroras y las hemos podido ver antes desde nuestra propia casa.

Recuerdo entonces esos relatos que hablaban de una aurora visible en España durante la Guerra Civil. En el año 1938 el cielo se tiñó de rojo y aunque no hay registros fotográficos fueron muchos los testimonios del fenómeno. En una época en la que no había contaminación lumínica tuvo que ser algo espectacular y hasta siniestro para los testigos, dada la dureza de la época que les tocó vivir.

En un momento me doy cuenta de que quiero tener un recuerdo para mostrar a otras generaciones que yo estuve aquí, que pude ver este fenómeno histórico. «¡Vamos a ponernos delante de la cámara!» animé a Diana. Nos hicimos unos cuantos retratos con un cielo rojo y violeta detrás de nosotros, con esos majestuosos pilares de luz del óvalo auroral. Aunque los colores predominantes eran el rojo y el violeta a lo lejos en el horizonte también se apreciaban tonalidades verdosas.

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Al día siguiente volvimos a salir a intentar observar las auroras pero aunque el índice KP se mantenía alto las condiciones ya no eran tan favorables y solo vimos una tímida aurora entre las nubes al principio de la noche. Eso da cuenta de lo realmente excepcional que fue el episodio de la noche anterior. Un fenómeno único que probablemente no volvamos a ver en nuestra vida aquí en España. Estuvimos ahí, lo vimos con nuestros ojos. Fue una noche inolvidable y un aperitivo para invitarnos a ir a verlas donde más vistosas son, el círculo polar.

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